Lágrimas de sirena
Había una vez, en la Atlántida, vivía una hermosa sirena llamada Saori. Ella vivía en un palacio de cristal junto a sus 5 hermanas y su madre, la reina Sayaka.
Saori era muy inteligente y disfrutaba aprendiendo cosas nuevas.
Todas las noches subía a la superficie para contemplar las estrellas y observar los barcos que navegaban por su océano. Aunque a veces se encontraba joyas u objetos extraños en el fondo marino y terminó por coleccionarlos.
Un día mientras nadaba, vio a una joven humana a punto de ahogarse y corrió en su auxilio. Llevó a la chica hasta la orilla y se quedaron hablando hasta bien entrada la noche, cuando la familia de la humana, llamada Rania, se reunió con ellas en la playa para llevársela a casa.
Aquella noche, tras despedirse de Rania, Saori se quedó pensando en ella hasta que Yuna, una de sus hermanas mayores, subió a buscarla.
- ¿qué te pasa, hermana? No es propio de ti quedarte hasta tan tarde en la superficie- dijo Yuna, visiblemente preocupada.
- he conocido a una humana muy guapa. Se llama Rania. Espero volver a verla algún día.
Pasaron los días y Rania volvía frecuentemente a la playa en busca de Saori. Pronto las dos se volvieron inseparables y sin darse cuenta, algo entre ellas nació hasta convertirse en más que una amistad.
Con el tiempo, el vínculo que las unía se hizo cada vez más y más fuerte, hasta que Saori decidió dar un paso más allá: cambiar su cola por un par de piernas para así poder estar con la mujer que le había traido tanta felicidad, así que pidió ayuda a su madre, la reina de los mares, por su enorme poder mágico.
La reina accedió bajo una condición: que una vez al año bajase a verlas. Y así, Saori obtuvo sus piernas y pudo reunirse con Rania, quien le enseñaría todo acerca del mundo humano.
Al conseguir su sueño, Saori derramó lágrimas de felicidad que se convirtieron en perlas de colores con las que le hizo un collar a su amada. Rania agradeció el gesto y nunca se quitó el collar.
Ahora Saori y Rani están felizmente casadas y juntas gobiernan sobre Dinamarca. Ambas reinas son muy queridas y respetadas por su pueblo y Saori sigue visitando a su familia una vez al año.

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